La Trascendencia del Ser en Cristo: Un Nuevo Nivel de Existencia

La vida humana, en su búsqueda incesante de significado y trascendencia, ha explorado múltiples avenidas de entendimiento y experiencia. No obstante, existe una propuesta que ha permanecido a lo largo de los siglos como una promesa de renovación y elevación: la unión con Cristo. Esta unión no es meramente un concepto religioso o filosófico, sino una transformación ontológica que coloca al individuo en un nivel de existencia que muchas veces ni siquiera logra imaginar. En este ensayo, defenderé la tesis de que estar en Cristo equivale a operar en un plano superior de la existencia, uno que redefine los contornos de nuestra realidad y los límites de lo posible.

La afirmación de que en Cristo somos una nueva creación no es una metáfora poética, sino una verdad proclamada en las Escrituras (2 Corintios 5:17). Esta nueva creación no es simplemente una mejora o una modificación de la vieja naturaleza, sino una transformación radical. Estar en Cristo implica nacer de nuevo (Juan 3:3), lo cual no es un cambio superficial, sino una reconstitución de nuestra esencia misma. Al igual que un edificio antiguo es demolido para dar lugar a una nueva estructura, así también nuestra vieja naturaleza es reemplazada por una nueva vida en Cristo.

La Biblia enseña que nuestra ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20), y esto no es una mera cuestión de expectativa; tiene implicaciones actuales. Estar en Cristo nos traslada a un reino espiritual donde operamos bajo una dinámica diferente. Las reglas y principios que rigen este reino son superiores y muchas veces contrarios a los de este mundo. La fe, el amor, la paz y la justicia son valores y fuerzas que adquieren un significado y un poder completamente nuevos en este nivel.

La vida en Cristo es inseparable de la vida en el Espíritu. El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, sino una persona que nos guía nos enseña y nos capacita para vivir según los estándares divinos (Juan 14:26). En Cristo, somos templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19), y esto significa que tenemos acceso a un poder que trasciende nuestra capacidad humana. Los dones y los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23) son evidencias palpables de este nuevo nivel de existencia, donde lo sobrenatural se convierte en nuestra nueva normalidad.

La propuesta de estar en Cristo y operar en un nivel de existencia superior es tan radical que puede ser difícil de comprender o aceptar desde una perspectiva meramente humana. Sin embargo, la evidencia bíblica y el testimonio de millones de creyentes a lo largo de la historia corroboran esta realidad transformadora. No se trata de una ilusión o un deseo escapista, sino de una promesa divina y una experiencia accesible a todo aquel que se une a Cristo. En este nuevo nivel, las limitaciones humanas se someten a la soberanía de lo divino, y la vida se vive con una dimensión de eternidad y propósito que antes era inimaginable. Por tanto, la invitación a estar en Cristo es una invitación a experimentar la vida en su máxima expresión, en un nivel que supera todas nuestras expectativas y desafía nuestra comprensión. En Cristo, verdaderamente, somos transportados a otro nivel de existencia, uno que redefine cada aspecto de nuestro ser y nuestro hacer.


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