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Jesucristo, al hablar de su segunda venida, comparó las condiciones del mundo con las que prevalecían en los días de Noé, antes del diluvio. Él dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio, y los destruyó a todos” (Lucas 17:26-27)1.
¿Qué quiso decir Jesús con esta comparación? ¿Qué características tenía la sociedad de la época de Noé que la hacían tan semejante a la nuestra? ¿Qué señales debemos observar para estar preparados para el regreso de Cristo?
La maldad y la violencia de los días de Noé
La Biblia nos da una descripción de cómo era la humanidad antes del diluvio. En el libro de Génesis leemos: “Vio El eterno que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5)2. Esta maldad se manifestaba en una violencia generalizada que llenaba la tierra. Dios dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra” (Génesis 6:13)2.
La violencia es el resultado de rechazar las leyes y los principios de Dios, que son el fundamento de la paz y la justicia. Cuando los seres humanos se apartan de Dios y siguen sus propios caminos, se vuelven egoístas, codiciosos, envidiosos, y se hacen daño unos a otros. La violencia no solo se refiere a la guerra, el homicidio, el terrorismo, o el abuso físico, sino también a la opresión, la explotación, la injusticia, y el maltrato verbal o emocional.
¿No vemos acaso en nuestro mundo actual una escalada de violencia en todas sus formas? ¿No estamos siendo testigos de cómo la maldad se multiplica y se hace cada vez más descarada y perversa? ¿No estamos presenciando cómo el amor se enfría y el odio se enciende entre las naciones, los grupos, las familias, y los individuos?
La indiferencia y la incredulidad de los días de Noé
Pero la maldad y la violencia no eran las únicas características de los días de Noé. Jesús también mencionó que las personas vivían como si nada fuera a pasar. Ellos comían, bebían, se casaban, y se daban en casamiento, sin prestar atención a la advertencia de Dios. Ellos ignoraban que el desastre se acercaba y que solo había una forma de escapar: entrar en el arca que Noé había construido por fe y obediencia a Dios.
La Biblia nos dice que Dios le dio a la humanidad 120 años para que se arrepintiera de su maldad y se volviera a Él. Durante ese tiempo, Noé predicó un mensaje de juicio y salvación, pero nadie le hizo caso. El apóstol Pedro escribió: “Dios esperó pacientemente en los días de Noé, mientras se construía el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvas por medio del agua” (1 Pedro 3:20)3.
¿No vemos acaso en nuestro mundo actual una actitud similar de indiferencia e incredulidad ante la palabra de Dios? ¿No estamos siendo bombardeados por un mensaje de burla y escepticismo hacia la Biblia y la profecía? ¿No estamos siendo seducidos por un estilo de vida materialista y hedonista que nos hace olvidar lo que realmente importa? ¿No estamos siendo engañados por una falsa seguridad que nos hace pensar que todo seguirá igual y que no hay nada de qué preocuparse?
La esperanza y la fidelidad de los días de Noé
Sin embargo, no todo era negativo en los días de Noé. Hubo una persona que se destacó por su fe y su obediencia a Dios. Noé fue llamado “justo” y “perfecto” en sus generaciones, y “anduvo con Dios” (Génesis 6:9)2. Noé no se dejó influenciar por el ambiente corrupto que lo rodeaba, sino que se mantuvo firme en su compromiso con Dios. Noé escuchó la voz de Dios y le creyó, aun cuando lo que le decía parecía imposible e ilógico. Noé hizo todo lo que Dios le mandó, sin importarle el costo o la opinión de los demás. Noé fue un ejemplo de esperanza y fidelidad en medio de un mundo malvado.
Noé nos enseña que es posible vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, aun en los tiempos más difíciles. Noé nos muestra que Dios no abandona a sus hijos, sino que les provee una salida y una salvación. Noé nos invita a confiar en Dios y a obedecerle, aun cuando no entendamos todo lo que nos dice. Noé nos anima a ser testigos de Dios y a proclamar su mensaje, aun cuando nadie nos escuche o nos persiga.
¿Qué debemos hacer?
Jesús dijo que, así como sucedió en los días de Noé, así será cuando Él regrese. Él nos advirtió que debemos estar atentos y preparados, porque no sabemos el día ni la hora de su venida (Mateo 24:36-44)4. Él nos exhortó a velar y orar, para que no seamos sorprendidos por el juicio de Dios (Lucas 21:34-36)5. Él nos instó a buscar primero el reino de Dios y su justicia, y no las cosas de este mundo (Mateo 6:33)4.
¿Estamos viviendo en los tiempos de Noé? La respuesta es evidente. Las señales están a la vista. La pregunta es: ¿Qué vamos a hacer al respecto? ¿Vamos a seguir el ejemplo de Noé, o el de la mayoría? ¿Vamos a entrar en el arca de la salvación que Dios nos ofrece en Cristo, o vamos a quedar fuera y perecer? La decisión es nuestra. Que Dios nos ayude a escoger sabiamente.

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